Atracción Fatal llevó a Glenn Close al divorcio y a Michael Douglas a la adicción sexual

A 35 años de su estreno, quizás parezca algo anacrónica, pero en 1987 algunos hombres se sintieron inspirados por la historia para ser fieles en su matrimonio

La primera vez que Kirk Douglas vio actuar a su hijo en una obra de teatro universitario lo lapidó con un “nunca serás actor”. Pero cuando descubrió que ese camino era el único a seguir, le aconsejó: “Haz lo mejor que puedas y olvídalo. No pienses que hiciste algo por lo que el mundo deba darte las gracias”.

Dos décadas después, en 1987, el mundo no le daría las gracias, pero sí unos cuantos hombres por haberlos inspirado a ser fieles en sus matrimonios. No era para menos: se había estrenado Atracción fatal, la película que revitalizó el thriller erótico, que impuso el término “hierve conejos” y que le aseguró a toda una generación que un cuerno era más peligroso que las bombas atómicas.

El guion de Atracción fatal nació de Diversión, un corto, escrito y dirigido por James Dearden. Sherry Lansing creyó que en ese corto había una potencial gran película y se dispuso a producirla, pero le agregó parte de su experiencia personal. En esos meses se había obsesionado con su exnovio y lo llamaba a la casa y cortaba, pasaba en auto por la puerta o trataba de conseguir información sobre él. Así surgió la historia de Dan Gallagher, un exitoso abogado, casado con Beth y padre de una nena.

Un fin de semana el hombre se queda solo y conoce a Alexandra Forrest. Sonrisita va, seducción viene, deciden tener sexo. Lo hacen una vez, una más y no más. Para él fue solo sexo casual y sin compromiso, cuando volvió su esposa volvió a su vida. Pero para Alex, se transformó en una obsesión que escaló de invitarlo a una Ópera, a llamarlo decenas de veces, fingir un embarazo, cortarse las venas hasta terminar hirviendo un conejo e irrumpiendo en su casa.

Para encarnar a Dan, los productores pensaron en Michael Douglas. Al hijo de Kirk, una leyenda de Hollywood, hasta ese momento se lo reconocía más como productor que como actor. Había protagonizado la exitosa serie Las calles de San Francisco, pero logrado un nombre como productor de Atrapado sin salida y El síndrome de China. Protagonizar Tras la esmeralda perdida y La joya del Nilo, le había aportado popularidad pero no reconocimiento. Cuando le llegó la propuesta para ser Dan aceptó sin dudar.

A Glenn Close la idea de encarnar a Alex Forrest también la atrapó. Solo había interpretado papeles maternales y cariñosos y quedar encasillada en esos roles la preocupaba. Además, como ella misma afirmaba: “No tengo la cara ni el cuerpo para hacer comedias románticas, así que nunca me ofrecen ese tipo de películas”. Interpretar a una villana sexy le resultaba un desafío cautivante.

LA INSISTENCIA DE GLEN CLOSE

No sería fácil que la aceptaran. Debra Winger, Barbara Hershey y Miranda Richardson habían rechazado el papel. Sharon Stone hizo las pruebas para el personaje, pero no convenció a los productores. El agente de Close pidió con insistencia que su representada fuera tenida en cuenta. Los productores dudaban, Glenn tenía prestigio, pero nadie creía que ella pudiera aportarle a Alex esa cosa sexual, salvaje y furiosa que el personaje requería. Tal vez, ni siquiera la misma actriz lo creyera. “Antes del casting estaba muy nerviosa. Hasta tomé un poco de Valium. Llegué y vi que estaba Michael Douglas. No sabía qué hacer con mi pelo. Me lo desaté, lo dejé salvaje y me mandé”.

Apenas terminó la audición, Lyne llamo a sus productores con urgencia. Habían encontrado a su actriz principal, la mujer que podía mostrar todas las emociones encontradas, pasar de angelical a desquiciada, de amante a acosadora, alguien que asustaría al espectador en cada encuadre y se volvería en tan temible como inolvidable. “Todavía hay hombres que se me acercan y me dicen: ‘Me asustaste hasta la mierda’, aunque también hay otros que me dicen: ‘salvaste mi matrimonio’”, reveló la actriz en una entrevista del año 2008.

Para Adrian Lyne, ser el director también era un desafío. Estaba harto de que lo etiquetaran como director de “ejercicios visuales”. “Solamente Flashdance, que fue un encargo que me propusieron, se podría calificar así. Luego, procuré hacer cosas nuevas para no encasillarme en eso que llaman ustedes el cine de videoclip. Atracción fatal era un riesgo porque, cuando la hice, no estaban de moda, como hoy, los thrillers”. El estudio tampoco creyó en la película y le asignó un presupuesto de 14 millones de dólares. Recaudaría 700…

EL DIVORCIO DE GLEN CLOSE

Close y Douglas seguramente intuían que la película sería un gran éxito. Lo que no sabían es que sus vidas personales se modificarían. Atracción fatal todavía estaba en cartel cuando la actriz anunció su divorcio de James Marlas, el empresario con el que se había casado tres años antes. Según los trascendidos, el hombre no soportó las escenas de sexo que su esposa protagonizó en pantalla. Por más que eran ficcionales, el marido se las tomó demasiado en serio. “Para seguir siendo un artista tenés que estar con personas que entiendan esto y no esperen que tengas su única visión del mundo. Realmente son como dos idiomas diferentes”, aseguró Close dando algo más que una pista sobre las razones de su divorcio.

Pero el gran cambio que Alex trajo en la vida de Glenn es que se interiorizó sobre las personas que padecen enfermedades mentales. Al componerla, primero pensó que simplemente era una psicópata, pero por la forma en la que la ira dominaba sus actos, había algo más y consultó un psiquiatra. El experto le explicó que lo más probable era que Alex fuera una persona con algún trauma sufrido en su infancia. Al terminar la película y aprovechando la fama, Close fundó una ONG con el fin de erradicar el estigma y la discriminación que hay alrededor de las enfermedades mentales.

MICHAEL DOUGLAS, ¿ADICTO SEXUAL?

Para Douglas, la película también fue un quiebre en su vida. Cinco años después del estreno de Atracción fatal, protagonizó otro thriller erótico: Bajos instintos. Fue entonces que el actor acaparó decenas de portadas cuando un diario británico aseguró que era adicto al sexo y que su deseo sexual incontenible había comenzado a afectar su vida personal. Además, se afirmaba que si bien siempre había tenido aventuras extramatrimoniales, las escenas protagonizadas con Close y su personaje de Dan fueron las que le despertaron esa adicción.

Al principio, Douglas decidió desmentir al periódico, pero después terminó aceptándolo. “Yo tenía un problema de alcohol. Bajos Instintos apenas se había estrenado y no recuerdo al ingenioso editor que estaba en Londres, pero surgió lo de la adicción al sexo. Se convirtió en una nueva enfermedad. Nadie había escuchado sobre eso hasta entonces, pero se quedó pegado a mí, y aún surge de vez en cuando”. Lo concreto es que el actor se internó para rehabilitarse.

LUEGO DE 35 AÑOS, ¿ANACRÓNICA?

A 35 años del estreno de Atracción hoy muchos de sus planteos resultan anacrónicos e incluso cuestionables. Toda la furia de los espectadores se centraba en Alex. No hay un poco de empatía con esa mujer que, como todos, también necesitaba afecto. Es verdad que entre Alex y Dan solo hubo una relación sexual consentida y casual, pero un poco de humanidad no se le niega a nadie. Quizá Alex no hubiera enloquecido si Dan simplemente recordaba que ella era persona y no solo un objeto sexual y hacía algo tan simple como darle un lindo adiós. Ni siquiera debía ser sincero, solo respetuoso o simplemente amable.

También resulta curioso que los espectadores no se indignaran con ese marido cuya preocupación no era haber traicionado a su mujer sino la posibilidad de que ella se enterara. Alguien al que no le importaba tanto romperle el corazón a la persona que amaba como que se le rompiera su cómodo mundo.

Close admitió en muchas ocasiones que odia el final de la película que la convirtió en una gran estrella. “No creo que Atracción Fatal se hubiera convertido en ese bombazo si no hubieran cambiado el final, si no le daban al público una sensación de catarsis. A los estadounidenses les gustan los finales limpios y pulcros.”. Además aclaraba que “tras investigar sobre el tema, llegué a la conclusión de que Alex no era una psicópata sino una mujer profundamente perturbada. Por eso cuando pones un cuchillo en su mano, traicionas el personaje”. Pícara, contó que “el mejor recuerdo físico que guardo de mi carrera es el cuchillo de Atracción fatal. Lo tengo colgado en la cocina. Es mi forma de decir: ‘A mí no me jodas’”.

Hoy Atracción fatal quizá no resultaría el exitazo que fue en su momento. En los tiempos sororos que corren, seguramente el final sería muy distinto. Ni el que se vio de Beth matando a Alex ni el que se programó en la versión original con una Alex que se suicidaba escuchando La Boheme pero logrando inculpar a su amante. 35 años después nos imaginamos un final donde Beth y Alex se juntan, planean algún castigo contra Dan para irse felices a recorrer bares y reírse a carcajadas. Porque “hierve conejos” hay una sola e inolvidable y la encarnó Glenn Close, pero amigas que disfrutan la vida y el sexo sin traicionar y ser traicionadas hay muchas más, no dan miedo y sobre todo y a pesar de todo, la pasan genial.

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