Cuidado con caudillos y extremistas, lecciones del siglo 19: Krauze

Tras recibir el Premio de Historia Órdenes Españolas de manos del Rey de España Felipe VI, describe a Ricardo Rocha la intención de las palabras que pronunció en El Escorial

Al recibir el el Premio de Historia Órdenes Españolas de manos del Rey de España Felipe VI, el historiador mexicano Enrique Krauze hizo votos para que por sobre los designios del poder, impere la vocación del saber, y que nunca más el odio impida el diálogo.

En entrevista para Fórmula Detrás de la Noticia con Ricardo Rocha, Krauze dice que con sus palabras, quiso resaltar los valores, la historia y la importancia de la verdad.

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“Es importante antes de todo recordar la gran civilización mesoamericana, la grandeza los valores estéticos, éticos, el orden la extraordinaria importancia, no solamente de Mesoamérica, sino de las implicaciones de toda la América y poner en relieve ahí, justamente frente al rey, en el escorial, no sé si por primera vez ni de tantos siglos, el nombre de Cuauhtémoc y recitar los versos de López Velarde”

“Es un mensaje de concordia, y yo creo que la concordia y la verdad histórica y la transparencia de las palabras, son el fundamento no sólo de las relaciones entre México y España, sino de las relaciones entre los ciudadanos en cualquier país democrático limpio, ese fue el sentido de mi mensaje”, explica.

Dice que quiso rendir un homenaje a los historiadores de México, a sus maestros, a Luis González, Miguel León-Portilla, Octavio Paz, rendir primero un homenaje a ellos, porque igual que él se los debe, ellos se lo deben a su vez a las generaciones de historiadores que hay detrás desde el siglo 16.

“Frente al discurso de la politización de la historia frente al discurso político, que busca usar la historia para fines de poder, quise poner en relieve el valor de la historia como conocimiento y como saber, por eso la historia ante todo es conocimiento, documentación. La historia no es un tribunal, los políticos usan la historia para volverla un tribunal de la inquisición y beneficiarse de eso, ese no es el trabajo de historiador”

“En cuanto a la actitud de nuestro gobierno, yo he preferido no entrar en discusión, porque yo en esencia lo que propongo, es que la historia es el terreno de los historiadores, y lo que queda es el diálogo y el debate. Hay muchos puntos de vista distintos en cuanto a la conquista, y a los cinco años tres siglos del virreinato y a los dos siglos desde la independencia hasta ahora, pero podemos debatirlo discutirlo, compulsar puntos de vista, pero no podemos decretar la verdad única, no podemos y mucho menos podemos permitir que el poder la decrete ahora”, agrega.

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Y pone de relieve que si alguna lección dejó el siglo 19, la lección principal fue tener cuidado con los caudillos, porque concentrar el poder en una sola persona, como ocurrió con los caudillos, no solo en México, en toda América Latina, resultó desastroso para los pueblos.

“Piensa en Santa Ana, en el gran caudillo Santa Ana, y lo que ocurrió en esos decenios en que México perdió la mitad del territorio”, abunda.

“La segunda lección es que los extremistas entre los liberales y los conservadores, en vez de dialogar terminaron por sacar las pistolas y los cuchillos. El siglo 19 pudo haber sido un siglo de diálogo, había muchos liberales entre los conservadores y había muchos conservadores entre los liberales. Los que triunfaron finalmente fueron los extremistas y los extremistas no querían dialogar, querían sacar las pistolas y matarse. El odio, eso sí lo digo y lo repito, el odio es un fundamento imposible para una sociedad civilizada, siempre desemboca en la guerra civil.

“Lo que nos queda a nosotros como periodistas, como intelectuales, como historiadores, es predicar de buena fe al poder que no siembre el odio”

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