La confesión del espía que investigaba a Maradona en el Sevilla: “No  llevaba una vida...” | Nuevo Diario

Luego de ser campeón del mundo con Argentina en 1986 con el mejor desempeño de un futbolista en la historia de los Mundiales y de hacer brillar al humilde Napoli de Italia, en 1992 Diego Armando Maradona desembarcó en el Sevilla de España, luego de su sanción de 15 meses por dar positivo de cocaína.

Han pasado casi tres décadas de aquella época, Maradona murió a los 60 años y el hombre contratado por el club andaluz para vigilarlo contó su verdad. Charlie M. tenía en ese entonces solamente 25 años y recibió el encargo de ser la sombra de Maradona.

“Su casa no tenía salida, era lo bueno que tenía. Era un chalet y solo tenía una salida. Entonces pusimos un coche ahí y nos íbamos turnando. Esa casa era como El Corte Inglés. Contamos 18 o 20 italianos, argentinos entrando y saliendo. Yo llevo 30 años en la calle y sé qué gente era. Aquello era un desastre”, explicó el investigador en una entrevista con Vox Pópuli.

Según su testimonio, Maradona no estaba bien acompañado y “no llevaba una vida propia de un futbolista de alto nivel”. Él sabía exactamente quienes formaban parte de su entorno porque anotaban las matrículas –y a veces también los seguían– de los coches que pasaban por la casa en la que también vivían Claudia Villafañe, su esposa, con sus hijas Dalma y Gianinna, que por entonces tenían cinco y tres años.

Antes de culminar, reconoció que junto a su equipo lograron ‘infiltrar’ un grupo de mujeres al clan del Pelusa: “Eran modelos y con eso les pusimos la trampa. Este (Maradona) era muy buena gente, pero era muy golfo. Le cantaban una canción que decía: ‘Me casé con un enano salerito pa jartarme de reír’.  Se lo cantaba una tía de dos metros, buenísima, y el otro que no le llegaba ni al ombligo. Eran las cinco de la mañana, a las diez tenía que estar en la ciudad deportiva entrenando y no iba a entrenar”, finalizó.

CON ESO ACABÓ TODO

Todas estas negligencias llevaron a Maradona a enfrentarse con la directiva de Nervión y su periplo en Sevilla acabó a mediados de 1993 tras una pelea con Bilardo por una infiltración para tapar un problema físico. El detective insistió en que su trabajo le sirvió luego a los dirigentes del club andaluz.

“Aquellos seguimientos sirvieron para demostrar que era una vida no propia de un deportista. Cuando el tío se fue a las malas, le dijeron: ‘Mira, tenemos esto, esto y esto. Tú no has ido a entrenar por esto, por esto y por esto’. Se ahorraron 150 millones de pesetas porque los perdonó”, relató Charlie M., quien dijo a Vox Pópuli que no conserva las fotos y videos que grabaron durante los dos meses de vigilancias al astro argentino.

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