jueves, diciembre 1, 2022
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El Mundial de Qatar en el ojo del huracán

El Mundial se celebra cada cuatro años, y es un evento que despierta orgullo y emoción en todos los países invitados. Y en los que no participan también, en el ánimo de poder ver jugar a las mejores selecciones del mundo. La atención del mundo se centra ahora en un torneo que acapara las portadas deportivas y las redes sociales. Pero los problemas éticos y políticos que giran en torno a este Mundial han restado parte de ese entusiasmo.

Se pensaba que este Mundial anunciaría la llegada de Qatar, que ya era una potencia económica, al mundo occidental como un compañero cultural y político legítimo. Pero ha pasado todo lo contrario. En un colosal fracaso, todo lo que se ha logrado es centrar la atención en el trato abusivo del país hacia los trabajadores migrantes y la represión de las personas LGBTQ+. El choque cultural que se vive estos días en el torneo es imposible de negar.

¿Por qué en Qatar?

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Han pasado 12 años desde que Qatar ganó los derechos para albergar la competición, algo que parecía imposible en ese momento. Primero, por la limitada historia futbolística del país. Segundo, por el alto coste y el clima caliente. Y tercero, por su dudoso historial de derechos humanos. Pero el dinero manda y, como consecuencia, el presidente de la FIFA renunció. Desde entonces, varios gobernadores han admitido que otorgarles el torneo fue un error garrafal.

Las dudas sobre su construcción.

El trato a los trabajadores extranjeros que emigraron a Qatar para construir la infraestructura del Mundial sigue generando dudas. El año pasado, The Guardian publicó un informe que explicaba que entre 2010 y 2020, una media de 12 trabajadores migrantes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron por semana mientras trabajaban en proyectos relacionados con el torneo en Qatar. 6,500 trabajadores migrantes muertos. El país defiende que la mayoría de muertes fueron por causas naturales, pero lo curioso es que todos estos eran hombres jóvenes relativamente sanos, y las muertes incluyen caídas de andamios y no golpes de calor.

Adiós a la bandera arcoíris.

La Constitución de Qatar designa al Islam como la religión del estado y la ley islámica como la principal fuente de legislación. Es por eso que la actividad sexual entre personas del mismo sexo está prohibida por el Código Penal de Qatar y conlleva hasta siete años de prisión. Como resultado, periodistas, jugadores y aficionados se han visto envueltos en una serie de incidentes por su ropa con los colores arcoíris.

Esto declaró Abdullah Al Nasari, jefe de seguridad de la Copa de Fútbol de Qatar:

«Si desea expresar sus puntos de vista sobre la causa LGBT, hágalo en una sociedad donde sea aceptado. No vengAN a insultar a toda una sociedad. No cambiaremos de religión durante los 28 días.»

Alex Scott, reportera de la BBC, usó un brazalete de la causa LGBT al momento de transmitir.

Sin embargo, ha sido duramente cuestionada por estar satisfecha con las políticas públicas de Vladimir Putin, líder de Rusia, al respecto del mismo tema LGBT.

Todo lo que no quiere un país que alberga un Mundial de Fútbol, que se hable más de asuntos políticos que del evento. Y peor aún para los anunciantes, que ven las supuestas ganancias esfumarse, o al menos reducirse drásticamente.

Siete capitanes de selecciones habían planeado usar los brazaletes OneLove. Sin embargo, un veredicto de la FIFA amenazaba con tarjetas amarillas si los usaban. En un comunicado, las siete asociaciones de fútbol dijeron que no iban a sacrificar el éxito en el campo por la iniciativa y que no los usarían. La FIFA también rechazó la solicitud de la selección belga de usar una camiseta con una etiqueta de «Amor» combinada con un color arcoíris. Y a Grant Wahl, un periodista, se le negó la entrada al partido de inauguración porque llevaba una camiseta con la bandera LGBTQ+.

El silencio de la selección de Irán

La selección de Irán se negó a cantar su himno nacional antes del partido inaugural en una muestra de apoyo a las protestas masivas que se viven en su país después de que muchos fans acusaran al equipo de ponerse del lado de la violenta represión estatal en los disturbios.

Sin una gota de cerveza

Pero la guinda del pastel se la lleva todo el lío del alcohol, que se está convirtiendo en todo un problema en Qatar. Aún cuando se pensaba que los aficionados y visitantes iban a poder hacerlo en lugares apartados, el país ha decidido que se prohibirá la venta de cerveza en los puntos que había designados, aumentando las tensiones entre los patrocinadores, la FIFA y Qatar.

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