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El peor año de las criptomonedas

De 3 billones a 900,000 millones, y lo que falta según los expertos

Hace un año, la mayoría de los inversores veían en las criptomonedas la solución a todos sus problemas. Describían al bitcoin como el futuro del dinero y a ethereum como la herramienta de desarrollo más importante del mundo. En aquel momento, los NFT habían despegado como nunca y plataformas de intercambio como Coinbase cotizaban en cifras récords.

Sin embargo, todo eso ha quedado atrás. Desde entonces, la caída en los activos digitales ha sido brutal para los inversores.

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Aquellos fans de las criptomonedas, esos que estaban convencidos de que el mundo iba a comenzar una revolución financiera impulsada por blockchain, se han hundido por la volatilidad de los mercados. Resultó que aquel pico de 2021 era lo máximo que iban a ver.

Caída en picada

En los últimos 12 meses, los dos activos digitales más grandes han perdido tres cuartas partes de su valor. La industria que una vez fue valorada en aproximadamente 3 billones de euros, ahora se sitúa en unos 900,000 millones. En lugar de actuar como un escudo contra la inflación disparada que estamos viendo, Bitcoin y compañía han demostrado ser (por el momento) otro activo especulativo que surge cuando hay FOMO (del inglés fear of missing out, «temor a dejar pasar»), y se desploma cuando el entusiasmo se esfuma y los inversores se asustan.

La tormenta de FTX

La compañía que hasta hace poco valía 32,000 millones, se ha hundido del día a la mañana cuando la liquidez se agotó, se suspendieron los retiros y el intercambiador rival Binance rompió su acuerdo para comprar la compañía. El fundador de FTX, Sam Bankman-Fried, lo admitía hace unos días: «Se ha jodido». Y horas después renunciaba como director ejecutivo. Según Bloomberg, FTX se enfrenta a déficit de 8,000 millones de dólares y al escrutinio por parte de los reguladores por posible mal manejo de fondos. Todo eso ha sembrado temor en el mercado criptográfico.

El 2022 ha demostrado sin duda que las criptomonedas no están, como suelen afirmar sus defensores, desvinculadas de las fortunas de los activos tradicionales, y pueden ser tan vulnerables al aumento de las tasas de interés como otras inversiones. Y ya sea que Bitcoin y compañía estén condenadas para siempre o sea un revés a corto plazo, los eventos recientes demuestran los muchos obstáculos de esta industria y sirven como un recordatorio de por qué existe la regulación financiera.

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