“La Catrina”, democrática muerte que nos heredó José Guadalupe Posada

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, decía el caricaturista José Guadalupe Posada

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La Catrina se convirtió en la imagen de la celebración del Día de Muertos en nuestro país y es representante internacional de la cultura mexicana.

Su calavérica figura es parte de la historia popular desde 1910, cuando se popularizaron escritos satíricos conocidos como «calaveritas» que criticaban tanto la situación del país como a la socialité. 

En dichas publicaciones aparecían esqueletos masculinos -conocidos como catrín- elegantes y bien vestidos, acompañados de alguna dama con las mismas características por lo que comenzaron a ser mencionadas como catrinas.

Este estilo fue una imagen clásica de la aristocracia mexicana de fines del siglo XIX y principios del XX.

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¿QUIÉN CREÓ LA CATRINA?

José Guadalupe Posada, ilustrador, grabador y caricaturista originario de Aguascalientes, creó “La Calavera Garbancera”.

Un dibujo que se proponía criticar a las mujeres que lograban un alto estatus social y ocultaban sus raíces para seguir las modas y costumbres europeas. 

El nombre procedió de los vendedores de garbanzo, quienes al ser pobres buscaban aparentar riqueza y ocultar sus raíces indígenas. Por ello, su calavera con sombrero representa al que pretende aparentar lo que no es.

La Calavera Garbancera es ilustrada del pecho hacia arriba, sin ninguna prenda más que un pomposo sombrero y una mueca de felicidad en el rostro.

Posada no dejó pasar la oportunidad de distinguir los orígenes de su sátira al dibujar unos moños detrás de las orejas como usaban las empleadas domésticas.

Sus críticas sociales, que evidenciaban situaciones de desigualdad e injusticia en el país y en la sociedad porfiriana, lo hicieron famoso.

También sus dibujos de “calacas” que ilustraban corridos, historias de crímenes, políticos, damas, toreros, entre otros.

Posada colaboró en medios como El Padre Cobos, El Ahuizote y La Patria Ilustrada.

DIEGO RIVERA Y LA CATRINA

En 1947, Diego Rivera retomó al personaje de Posada en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central y la bautizó como La Catrina.

Además, complementó el dibujo de Posada al dibujarla de cuerpo completo con vestidos y sombreros elegantes, cambiándo el “estatus social” de la Garbancera.

El mural se encuentra actualmente en el Museo Mural Diego Rivera, localizado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En él aparece el artista José Guadalupe Posada del lado derecho, a la izquierda una versión infantil de Diego Rivera y por detrás Frida Kahlo.

La catrina en el mural «Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central»

A través del tiempo, la figura de La Catrina perduró como símbolo de protesta y desde entonces se agrega a las fiestas de Día de Muertos en altares.

También están acompañadas por calaveras literarias, que son composiciones en verso que en vísperas del 1 y 2 de noviembre.

Las caleveras literarias suelen escribirse como manifestaciones de la cultura popular para hacer burla tanto a los vivos como a los muertos y recordar que «todos nos vamos a ir». 

Están escritas con un lenguaje satírico o burlesco y son textos muy breves que reflejan el espíritu mexicano frente a la idea de abandonar este mundo. 

En la actualidad, la Catrina sigue es una invención popular y sale de los límites del lienzo o el grabado para ser parte de la cultura viva mexicana, de sus usos y costumbres.

Se convirtió en artesanía que resalta la riqueza formal y espiritual del país y muchos se visten de catrinas y catrines en la celebración del día de muertos.