Friedrich Merz.

Las próximas elecciones legislativas están previstas para el 26 de septiembre de 2021. Pocas semanas o meses después, según lo que se tarde en formar una coalición porque difícilmente habrá un partido con mayoría absoluta, Angela Merkel dejará el poder.
La preeminencia de Berlín en la Unión Europea hace que todo el continente se pregunte qué vendrá después. Y que empiece a mirar con aprehensión la elección que deberá hacer la CDU, el partido de la actual jefa de gobierno, el próximo mes de enero.

El congreso de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) es clave porque los sondeos siguen repitiendo que los conservadores alemanes serán la primera fuerza política. Eso les dará la posibilidad de mantener la jefatura del gobierno, aunque tendrán que compartir el Ejecutivo con alguna fuerza política. Los que más probabilidades tienen son los socialdemócratas, que ya están en la coalición en el poder ahora, y los ecologistas, anclados en los sondeos como segunda fuerza política y presentes ya en varios gobiernos regionales.

Declaraciones homofóbicas y racistas

El escenario más probable tras los comicios hace que la elección del sucesor de Angela Merkel sea clave. En total, 1,001 delegados votarán entre tres candidatos, tal vez cuatro. Ante la duda de si finalmente se presentará el actual ministro de Sanidad, Jens Spahn, los tres candidatos confirmados son Armin Laschet (presidente del lander de Renania del Norte Westfalia), Norbert Röttgen (jefe del comité de Relaciones Exteriores del Bundestag) y a un hombre a quien ya se empieza a conocer como “el Trump alemán”, Friedrich Merz.

Figura polémica y divisoria, mezcla en sus discursos y declaraciones a homosexuales con pedófilos, dice que hablar de políticas de género y violencia contra las mujeres es perder el tiempo, pronuncia declaraciones racistas, es abiertamente euroescéptico y, sobre todo, detesta a Merkel. Su elección sería una bofetada a la mujer que ha llevado las riendas germanas durante tres lustros y daría un giro a la política exterior alemana y su papel en Europa.

Merz dice también, al estilo Donald Trump, que hay una conspiración en la CDU para evitar que gane, aunque el voto de los 1,001 delegados es secreto. Su denuncia se debe a que la secretaria general de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, asegura que podría retrasar el congreso debido a la situación sanitaria porque Alemania vive sus peores momentos de la pandemia de coronavirus. Asegura la CDU que ese retraso no tiene nada que ver con Merz.

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Las normas que rigen la vida interna de la CDU y la elección de su candidato a jefe o jefa de gobierno hacen casi imposible que su congreso se pueda celebrar por vía teleconferencia. La reunión de más de 2,000 personas –si a los delegados que van a votar se suma a los organizadores, personal de servicios o prensa- sería ahora mismo un riesgo sanitario que además iría contra la normativa en vigor.

Merz considera que atrasar el congreso lo perjudica porque actualmente lidera los sondeos de opinión. El último, publicado por Der Spiegel, estima que es el preferido para 26% de los votantes conservadores, seguido por Röttgen (10.6%) y Laschet (8.1%). Su problema es que la elección no la hará la opinión pública sino los 1,001 delegados con derecho a voto y ahí Merz no contaría con la mayoría de los apoyos. Spahn, que todavía no decidió su candidatura, cuenta con el 23% de los apoyos.

Enfrentamiento con Merkel

Merz fue hace casi dos décadas una figura de la CDU hasta que en 2002 chocó con Merkel, que ese año asumió la secretaría general del partido y en 2005 se convirtió en la primera mujer jefa de un gobierno alemán. Dieciocho años después, cuando Merz ya tiene 65 y tras pasar casi dos décadas en el sector privado como abogado de empresas o como director en Alemania del fondo de inversiones estadounidense BlackRock, vuelve a la política.

Él se presenta de nuevo como el defensor de las esencias conservadoras y los valores tradicionales de la CDU que Merkel habría violado al moverse demasiado al centro. Copia a los ultras europeos al defender por ejemplo que los gobiernos no deben poner restricción sanitaria alguna a las celebraciones navideñas.

Hace dos años, cuando la CDU intentó por primera vez elegir a la persona que sucedería a Merkel, luego de que la canciller anunciara su retiro, Merz estuvo a punto de lograrlo aunque perdió contra Kramp-Karrenbauer, quien dimitió meses después al no poder controlar a miembros de su partido que pretendían pactar con la ultraderecha.
Merkel puso orden, agarró de nuevo las riendas del partido y siguió adelante, dejando a Kramp-Karrenbauer como secretaria general pero ya no como futura candidata electoral.

Merkel parece haber puesto los ojos en Armin Laschet como su favorito. Aunque no vería con malos ojos la elección de Röttgen o de Spahn. Sus sentimientos hacia Merz son mutuos. Aunque parece el favorito, los delegados saben por estudios de opinión que a pesar de que los votantes más conservadores apoyen a Merz, la población alemana en general quiere que sigan las políticas centristas y europeístas de Merkel, no un giro a la derecha y menos de la mano de un émulo de Trump. En Bruselas se teme que un Merz coloque a Alemania al lado de los gobiernos ultranacionalistas húngaro y polaco.

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