Cerrar las escuelas en México para enfrentar la pandemia, como se hizo prácticamente en todo el mundo, fue una decisión acertada para contener la movilidad y los contagios, pero se erró en llevar la escuela a las casas en lugar de convertirlas en espacios de aprendizaje, considera el especialista en Educación Manuel Gil Antón.

En entrevista para Fórmula Detrás de la Noticia con Ricardo Rocha, Gil Antón asegura que lo que se dio no puede ser llamado educación a distancia, sino más bien educación remota de emergencia.

Y añade que se trató de continuar la actividad escolar a como diera lugar, por lo que se llevó la escuela que entretuvo y ocupó a todo el mundo, en muchos casos sin aprendizaje, en lugar aprovechar y concentrarse en mejorar la lectura y escritura de comprensión que tan mal están en este país.

Acertado cerrar escuelas

“Hay que sostener que fue adecuado cerrar escuelas en todo el mundo, en buena parte del todo el mundo, fue porque la actividad escolar implica en nuestro país a 30 millones de niños, niñas y adolescentes, a 2 millones de maestros y si sumamos a los de educación superior a 35 millones, y en entonces tuvo que ser una manera de detener la movilidad, y con ello reducir los contagios”, dice.

Considera que tampoco se estaba preparado para hacer algo que merece una distinción: la educación a distancia y la educación remota de emergencia.

“La educación a distancia es un proceso bien conocido llevado a cabo en Inglaterra, España y también en México. No se si recuerdas cuando éramos jovencitos, que había cursos por correspondencia, y está pensada para que uno pueda aprender sin necesidad de desplazarse, y tiene toda una pedagogía, toda una estructura.

Educación remota de emergencia

“Cuando hay educación a distancia lo que se ha preparado es un curso, se ha pensado que los que tomarán este curso no estarán presentes, y se diseñan actividades que se tienen que hacer previamente en lecturas, y se programa todo el curso con esa intención. Aquí no había eso para todo preescolar, para primaria, para secundaria, para la prepa, había algunos avances en ello, por eso le llamo educación remota de emergencia.

“Se trató de continuar la actividad escolar como si fuera posible, y ahí fue donde nos equivocamos, porque en vez de escolarizar las casas, lo que tuvimos que hacer es convertir las casas en espacios de aprendizaje, porque si tú metes la escuela en la casa, la escuela trae junto con ella el peor de sus vicios que es la tarea, que atarea y ataranta,  la escuela cuando se mete a la casa lo que hace es entretener atareando, atolondrando a todo mundo, a los papás, a los niños, a que estén ocupados haciendo cosas aunque no aprendan”, explica.

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Escolarizar casas

-¿Perdimos una oportunidad?, pregunta Ricardo Rocha.

“Voy a arriesgarme a esta hipótesis: no podíamos acudir a las escuelas, y lo que hicieron la mayoría de los gobiernos fue escolarizar a través de estos medios fue escolarizar las casas. Y me acuerdo de don Antonio Machado que decía: “Se miente más de la cuenta, por falta de fantasía, también la verdad se inventa”.

“Perdimos la oportunidad, por ejemplo, de concentrarnos en la lectura y escritura, y hacer de este país un gigantesco taller de lectura. Y a cada nivel, a cada grupo, decir saben que, algunos ya pueden leer “El Coronel no tiene quien le escriba”. Tú te imaginas a 3 millones de chavales de tercero de secundaria leyendo en todo el país “El Coronel no tiene quien le escriba”, comentándolo, haciendo notas sobre el coronel que bajaba para ver si llegaba la carta.

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“Si algo le hace falta al país es mejorar sus condiciones de lectura y escritura de comprensión. Así que en vez de tratar de seguir haciendo escuela y aprender fanerógamas, criptógamas, monocotiledóneas, dicotiledóneas, quebrados, pudimos habernos centrado en los aprendizajes centrales que tenemos, que son: la lectura, la escritura, el cálculo y la ubicación en la historia. Perdimos la oportunidad de concentrarnos en algo maravilloso para zafarnos del corsé escolar y meternos en la lógica del aprendizaje”, dice.

Cambios conductuales

Explica que la escuela es una experiencia integral en la cual va nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, nuestro cerebro, nuestra vida, de tal manera que la súbita suspensión de ese espacio social sí generó cambios importantes.

“Si tú le preguntas a un niño qué extrañas de la escuela, ellos van a decir que el recreo y los amigos. Una de las funciones más importantes de la escuela es que tenemos contacto con otros y con otras, que tienen distinto color de piel, distintos gustos para comer, a unos les gusta la música y a otros la filosofía, aprende uno mucho de los pares.

“Lo que aprendemos de los compañeros es inmenso, y sobre todo lo que aprendemos en salir del ámbito de la familia, a establecer lazos de hermanda con otros que no son la familia. Eso lo perdimos, y esas cosas sí creo que no está haciendo daño a todos. “Va a haber niños que estuvieron en ambientes familiares violentos que no tuvieron el escape de la escuela, va a haber niños y niñas que pudieron encontrarse con sus padres, otros que perdieron contacto con sus profesores, tenemos maestras y maestros que hicieron hasta la imposible que usaron hasta la bocina del carro de los tamales oaxaqueños para dar asesoría y clases, tuvimos ingenio, tuvimos perdidas, tuvimos dificultades para acompañar a quienes se nos morían”, concluye.

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