Tlatelolco y su arquitectura a través de la historia

De espacio comercial a emblema del modernismo, la zona de Tlatelolco en la Ciudad de México se convirtió en ícono de la arquitectura

Uno de los sitios con mayor relevancia en la historia de la arquitectura de la Ciudad de México es sin duda Tlatelolco. 

Ubicado al norte de la capital, entre los importantes ejes viales de Paseo de la Reforma y Avenida de los Insurgentes, es el escenario de diversos episodios en la vida nacional. 

Por ejemplo, ahí ocurrió la lucha final contra los españoles en 1521, la matanza estudiantil en 1968 y una de las áreas más afectadas tras el terremoto de 1985.

Sin embargo, también se convirtió en un espacio de trascendencia arquitectónica en las diversas etapas de su historia, lo mismo por las ideas de vanguardia que ahí se materializaron, por la unión de símbolos y funciones para crear nuevos espacios. 

Por todo ello, repasamos las razones que colocan a Tlatelolco como un emblema de la arquitectura mexicana.

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El mercado más importante de Mesoamérica

La propia ciudad de Tlatelolco, fundada en 1337 por los tlatelolcas, un grupo que se separó de los mexicas una vez fundada Tenochtitlán.

Tal separación no impidió que esta zona tomara su propia relevancia y tuviera aportaciones específicas, como recintos ceremoniales y un templo mayor dedicado a Quetzalcóatl. 

No obstante, lo que más destacó fue su mercado, no solo por el tamaño, sino por la cantidad de mercancías que ahí se ofrecían.

De acuerdo con los relatos de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, el mercado estaba cercado por portales, organizado por calles a las que correspondía la comercialización de un producto en específico e incluso vigilado por un cuerpo especial que se encargaba de verificar cómo se hacían los intercambios.

Ofrecían de forma diferenciada alimentos, animales vivos, utensilios, plantas medicinales, comida preparada y hasta esclavos. 

Por su parte, en la zona central se hallaba el área exclusiva para la venta de artículos de los nobles, como plumas de aves exóticas, metales, piedras preciosas y diversos ornamentos.

Esta ciudad se volvió el epicentro comercial de Mesoamérica bajo una estructura definida y reglas propias, incluso para la convivencia. 

El mercado de Tlatelolco fungió también como punto de encuentro social y cultural, pues la gente acudía ahí para enterarse de la noticias, reunirse con amigos o para pactar matrimonios. 

Si bien era una plaza abierta, representa el modelo que tomarían años después las zonas comerciales del país.

Mercado Tlatelolco

El legado de la época colonial

Pese a que en estos años Tlatelolco no tuvo construcciones de amplia valía estética o incluso en ingeniería como sucedió en otras zonas de la ciudad, principalmente en el primer cuadro, sí destacan dos inmuebles que se convirtieron en pioneros en su ramo. 

Por una parte está la Iglesia de Santiago Apóstol y el colegio de la Santa Cruz, construida sobre algunas de las ruinas del pueblo de Tlatelolco y el antiguo templo mayor, a base de cal, bajo el estilo medieval, en forma de cruz. 

Tuvo un gran valor al convertirse en la primera institución de educación superior de América, destinada a los indígenas, previa a la creación de la universidad. 

Fundada en 1536 por los frailes Juan de Zumárraga y Bernardino de Sahagún, se convirtió en el centro de las ciencias y las artes más importante, y cerró totalmente 50 años después tras epidemias de sarampión, viruela y problemas económicos.

Por otra parte, destacó también el Tecpan, catalogada como la primera obra mestiza que se construyó en la ciudad. 

Se trata de un conjunto ubicado al norte de la antigua plaza donde se hallaba el tianguis, cuya función fue albergar el poder civil y policial. Por tal motivo, este sitio contó con cárceles, oficinas, una casa para recibir a personajes ilustres, huerta, baño y pilas de agua.

La fachada del Tecpan la removieron en los años 60 y la incorporaron al convento de Santiago, que es justamente donde se encuentra actualmente

Iglesia de Santiago Apóstol

Ejemplos de modernidad: El multifamiliar Tlatelolco y Torre Insignia

Bajo las ideas modernas del arquitecto Mario Pani, Tlatelolco se volvió el punto elegido para materializar los conceptos del funcionalismo en una zona que, además, se quiso rescatar del abandono urbanístico. 

Primero, lo vemos en el desarrollo habitacional del Conjunto Urbano Presidente López Mateos en Nonoalco Tlatelolco. Inaugurado en 1964, con características únicas en su momento para el uso habitacional: plazas, andadores y jardines entre edificios multifamiliares de diferentes alturas, algunos de 20 pisos, que albergaron en total casi 15 mil viviendas.

Lamentablemente este conjunto resultó afectado por el terremoto de 8.1 grados Richter de 1985, y se derrumbaron dos de los tres módulos que conformaban una de sus torres, el llamado edificio Nuevo León. 

Tras estos hechos, tuvieron que demoler ocho inmuebles y otros cuatro reducirlos en su altura un año después del sismo. Además, donde se encontraba el edificio Nuevo León se colocó un reloj de sol que marca con una línea la hora en la que ocurrió aquel sismo.

El otro elemento del modernismo de Pani es la Torre Insignia, sede durante algunos años del banco Banobras, que destaca por su icónica estructura simple de diseño inédito y vanguardista para la época.

De frente, está cubierta casi en su totalidad por un muro-cortina de vidrio, mientras que a los lados, tuvo un mural de Carlos Mérida. Al interior cuenta con casi 50 campanas de diversos tamaños, de las cuales, la más grande la donó Bélgica para conmemorar el 150 aniversario de la Independencia de México.

Durante muchos años, fue el segundo edificio más alto de la ciudad.

Torre Insignia de Tlatelolco

El Centro Cultural Universitario: un museo de Tlatelolco

La última estructura que da relevancia a Tlatelolco es la torre diseñada por el arquitecto mexicano Pedro Ramirez Vázquez e inaugurada en 1966. 

Aunque en un principio la planearon como sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, desde 2007 funciona como el Centro Cultural Universitario, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Su función, además de mostrar exposiciones relacionadas con las resistencias sociales, es albergar un memorial al movimiento del 68, una sala de colecciones universitarias, el Museo de Sitio de Tlatelolco y una recopilación de piezas arqueológicas.

El inmueble es una estructura rectangular de 102 metros de altura y 24 pisos, forrada en mármol al exterior y cimentada en pilotes de concreto y acero con una profundidad de 35 metros. 

En su fachada, destaca además una instalación lumínica de color rojo y azul del artista estadounidense Thomas Glassford, la cual, según el autor, es una forma de venerar al dios azteca Xipe Tótec, quien se quitó la piel para alimentar a la humanidad.

Centro Cultural Universitario Tlatelolco

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